
Los duendes insisten en tu presencia, mas tu presencia ha llegado a formar parte vital de la relatividad: estar sin estar y marcharse sin haber partido.
Mis duendes preguntan por ti.
Malditamente siempre preguntarán por ti.
Malditamente eterno, con los labios malditamente húmedos y los ojos
malditamente tiernos.
El asfalto repetirá tu nombre de humo y cal.
El sopor vespertino vestirá tu encanto de sal y sudor.
Malditamente extraño y ajeno.
Encantador y mortal…
Malditamente mío.