Atrapados en la Red
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Todos conocemos a algún amigo,
o amigo de un amigo, o primo de un conocido, que conoció a su actual
pareja en Internet. Entonces nos preguntamos ¿Y porqué no?
Y ahí empezamos averiguar en cuál página nos conviene
anotarnos, en todas podés dejar tu perfil gratis, sin embargo en
algunas para poder utilizar el servicio convenientemente, tenés
que suscribirte y abonar una tasa. Entonces pensás, esas no, a
ver si todavía no conozco a nadie y perdí el tiempo y la
plata.
Por ahí otro primo segundo de un conocido de tu amigo te cuenta
que hay un par gratuitas y que funcionan bárbaro, que tiene 2 amigas
que ya se casaron! Ah! Esta sí que es para mí. Entrás,
navegás un rato para chusmear a ver qué dicen y te animás
a completar el perfil, parece algo simple, sin embargo...... Empecemos
por el nick, ¿qué elijo?, mi nombre verdadero no, algo que
tenga que ver, que sea corto, que sea original, que no haya otros, ¡uf!
Que complicado ¡ya me rebotaron 3! ¿Cómo me describo?
Qué pongo que resulte interesante? ¿Qué no pongo
que pueda ser comprometedor?
Finalmente después de estar un rato pensando escribís los
150 caracteres sugeridos con bastantes tonterías que dicen algo
de vos, tratando de ser creativo, original, simpático, y que no
parezca un folleto de marketing directo.
Tus hábitos, gustos y preferencias seguís completando tu
perfil, ese que van a ver todos y no van a resistir la tentación
de escribir para conocer a esta persona tan atractiva. Finalizás,
le das “enter” y ya estás en la red, disponible para
que te lluevan invitaciones.
Te aprobaron el perfil, qué bueno, seguro que hoy empiezan a llegar
mensajes. Pasaron un par de días y nada, la amiga de tu prima dijo
que vos tenías que animarte a dar el primer paso y escribir vos.
Bueno, empezás a elegir entre 2.645 resultados que surgieron de
tu búsqueda, entonces te ponés muy selectivo, finalmente
cuando ya los ojos se te caen de leer y no distinguís la diferencia
entre un perfil y otro, mandás 3 mensajitos tímidos invitando
a que te contacten.
Pasaron 3 días y nada, le escribís a otros 3, parece que
3 es un número cabalístico, al día siguiente te contestan
2 y te piden una foto, que bien! por fin empezamos, buscás entre
todas las fotos digitales que encontrás una que esté más
o menos presentable. La que estás con tus hijos y nietos, no, es
muy familiera, la que estás en shortsito, ¡menos!, de pronto
encontraste una que estás lo bastante lejos como para que no se
vean los detalles y lo bastante cerca como para que se den cuenta de que
es un ser humano. Muy bien, las mandás, uno ni te contesta, el
otro más educado te manda un mensaje que dice simplemente: Suerte
con tu búsqueda. ¡Que bajón!
“Pero no, la sobrina de mi ex cuñada mandó 47 fotos
hasta que ¡enganchó!, Internet es así”. Te dice
tu amigo, y será así nomás. Así que insistís
hasta que finalmente uno de los tantos mensajes te contesta que le gustó
la foto, que le gustaría encontrarse a tomar un café para
conocerse. Por fin. Vos a esta altura no sabés bien quién
es ese que te escribió, entre tanto nick, mail, intercambio de
información irrelevante, estás tan confundido que no tenés
muy claro a quien vas a ver, pero es el primero, ¡no vas a desaprovechar
la oportunidad!
Un cafecito a la salida del trabajo, 19hs. Córdoba y Montevideo,
por las dudas intercambiaron celulares para no pasar un papelón
de entrar buscando a un desconocido.
Enseguida lo reconocés, tiene un poco menos de pelo que en la foto,
y unos cuantos kilos más, pero bueno eso no es tan importante.
Se presentan, sonríen, hablan del tiempo para romper el hielo,
y de otras intrascendencias como ¿cuánto hace que estás
en la red?, ¿te encontraste con mucha gente? Una vez que terminaron
con esta información, tipo ficha de solicitud de empleo, se quedan
callados; sólo para quebrar el silencio te empieza a contar de
su divorcio, de los problemas que tiene con su ex, de lo complicado que
está el tema laboral hoy día, de la inseguridad,.....al
cabo de 50 minutos de escuchar este lamento, le decís que te tenés
que ir a tu casa, que te esperan, y salís poco menos que corriendo.
Cuándo llegás, cenás, te ponés el piyama y
prendés la tele, ¿quién necesita algo más
para ser feliz?
Al día siguiente te levantás y volvés a ver el costado
de la cama vacío, así que te decís, si tanta gente
encontró a su pareja ideal en Internet, ¿porqué yo
no? Llegás al trabajo y volvés a navegar buscando otro perfil
para volver a empezar.
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