Con conocimientos limitados se alcanzan resultados
limitadosComo resultado del último Congreso de Desarrollo
Organizacional han surgido una serie de preguntas que se relacionan con
la Profesión de Consultor y cómo la misma se asemeja
– o se diferencia – de la Profesión de Desarrollo Organizacional.
Más adelante han surgido algunas consultas de distintos Clientes
que también han querido familiarizarse sobre estas dos profesiones
y, en especial, sobre el cuerpo de conocimientos que es requerido para
el ejercicio de las mismas.
No queda ninguna duda que una de las actividades más difíciles
está vinculada con la introducción del cambio, pues al cambiar
el estado de las cosas también alteramos el orden de “acceso
y distribución” de recursos de las distintas partes intervinientes
(“El Príncipe” – Nicolás Machiavelo; 1513).
Y por otro lado tampoco podemos dudar que para poder realizar una intervención
de cambio, el conocimiento no es suficiente; es necesario haber aprendido
respecto del cambio como resultado de haber accionado el cambio (Kurt
Lewin – 1951 ”Field theory in social science”).
Más recientemente, el Dr. Terry R. Armstrong (RODC) en la publicación
de The Organization Development Institute titulada “Organizations
and Change” correspondiente al mes de Agosto de 2004, hace mención
a las preguntas que le son formuladas por universitarios que recientemente
se han graduado en Desarrollo Organizacional, muchos de ellos a nivel
de Master`s, quienes consultan sobre “qué es lo que deben
hacer para iniciarse en el ejercicio de la profesión como consultor
(de empresas principalmente)”.
Hace muchos años atrás – en los años 60 del
siglo pasado – estas personas lo aprendían a través
de mentores. Eric Gaynor Butterfield destaca que su proceso de iniciación
fue fuertemente impreso como resultado de su trabajo en Esso International
(Exxon Corporation, en la actualidad), donde se le asignaba un mentor
dentro del departamento de Organización y Métodos, que había
previamente ocupado posiciones de liderazgo en la empresa, siendo éstos
usualmente ocupantes de altos cargos directivos de línea que reportaban
al CEO durante su exitosa carrera laboral, y que estaban muy próximos
a ser jubilados (con más de 55 años de edad). Algo parecido
ocurría en las empresas de consultoría y auditoria, dando
Gaynor ejemplos de distintas experiencias en Price Waterhouse Peat &
Co. (Congreso de Desarrollo Organizacional; Buenos Aires – 1997).
Al parecer, la situación en la actualidad no es la misma. La inmensa
mayoría de estos altos directivos de línea ya no están
en condiciones de actuar como mentores de jóvenes universitarios
recientemente graduados de muy buenas Universidades. Ya esas personas
no existen dentro de la mayoría de las organizaciones y por lo
tanto se ha cortado la cadena de personas que están en condiciones
de transferir un cúmulo de conocimientos y prácticas relacionadas
con el Comportamiento, el Cambio y el Desarrollo Organizacional. El Dr.
Terry R. Armstrong (“Organizations and Change” - ya citado),
destaca que quizás no se esté preparando adecuadamente a
los profesionales graduados (en las Universidades) para accionar el cambio,
lo que puede hacer necesario en el futuro que se lleguen a crear y desarrollar
“programas de residencia” como los que existen en la Medicina.
Para ser más explícito, Armstrong señala que “la
educación y el conocimiento no es suficiente… por más
que obtengan 10 puntos en todos sus cursos”. Y esto tiene mucho
sentido puesto que realizar una intervención en una organización
es mucho más complejo que realizar una intervención en una
persona y también en un grupo; el número de variables intervinientes
y la complejidad de las distintas combinaciones posibles, no hace muy
fácil predecir cuál es la elección ideal de “estímulos
y componentes” a tener en cuenta por el consultor, para realizar
un efectivo cambio dentro de una empresa u organización.
Existe un problema adicional; el Dr. Terry R. Armstrong destaca que al
parecer mucha más gente está ingresando en la profesión
– o el ejercicio de la consultoría y asesoría –
que quizás no deberían estar haciéndolo. Hace poco
(Eric Gaynor Butterfield) he sido requerido para desarrollar un puntual
programa de entrenamiento (en cuanto a prácticas de aprendizaje)
a unas 12 personas de una empresa líder en Consultoría en
el mundo. El programa consistía en reuniones semanales o quincenales
de entrenamiento con estos consultores para lo cual aceptamos la propuesta
de trabajo y el calendario que la firma de Consultoría nos propuso.
Después de la primera sesión – donde tampoco estaban
todos los participantes – nos encontramos con que muchos de los
participantes no “estaban en el país”, a pesar de que
este país era el “país base”. Eran todos ellos
jóvenes profesionales en su mayoría con menos de 30 años
de edad, quienes realizaban “trabajos de Consultoría”
en Argentina y en otros países. Estaban entusiasmados con el proyecto
de entrenamiento y tenían interés en participar, y además
manifestaron las mejoras que recibían como consecuencia del entrenamiento,
pero en la inmensa mayoría de los casos no podían estar
“presencialmente” en condiciones de participar en el entrenamiento
(no estaban físicamente en Buenos Aires; pasaban bastante tiempo
viajando y en aviones). Le sugerimos al líder del proyecto de la
firma consultora, re-programar las futuras reuniones y si el calendario
le parecía que no podía cumplirse sugerimos que quizás
sería mejor suspender o cancelar el proyecto, sin penalidades para
la empresa en cuanto a honorarios. Pero el responsable del proyecto decidió
e insistió en que sigamos adelante. En algunas reuniones posteriores
del programa de entrenamiento invitaban a participar a “otras”
personas – fuera de las que inicialmente debían atender –
y nos encontramos entonces que “estaban muchos que, en nuestra opinión,
no tenían que estar… y no estaban quienes sí debían
estar” (teniendo en cuenta el programa original).
Hubo algunos aspectos sumamente positivos con aquellos participantes “que
quedaron”. Independientemente del contenido del entrenamiento en
cuestión, éstos jóvenes y entusiastas profesionales
en distintas disciplinas como administración, economía,
ingeniería, contabilidad, sistemas e informática, que estaban
fuertemente comprometidos con su organización, nos formulaban algunas
preguntas desafiantes. Muchos de ellos nos preguntaban qué era
realmente la profesión de Consultor y cuál era el cuerpo
de conocimientos necesario (por lo general asumían que una de sus
propias Profesiones Diplomadas era “mejor” que otra, que por
supuesto, no era la de ellos sino la de un colega). Teniendo en cuenta
mi formación en Desarrollo Organizacional y el sustento de la misma
en las Ciencias del Comportamiento, otra pregunta común consistía
en cuáles eran los conocimientos que pertenecen a ambas. No existía
una clara distinción para ellos entre el Comportamiento Organizacional
y el Desarrollo Organizacional, pero mostraban un fuerte interés
en aprender sobre ellas. Seguramente los Clientes de su organización
donde ellos prestaban sus servicios profesionales estaban contentos con
su trabajo, puesto que parecían estar muy ocupados, y podemos asegurar
que la empresa de consultoría no era de ninguna manera, una firma
con pocos consultores. De todas maneras, una pregunta rondaba mi cabeza:
¿Cómo es que estos profesionales pueden realizar su trabajo
con un nivel por lo menos aceptable de performance contando solamente
con conocimientos de profesiones que NO estaban vinculadas con la profesión
de Desarrollo Organizacional, ni con las Ciencias del Comportamiento?
Y si a esto le agregamos lo destacado por el Dr. Terry Armstrong respecto
del aprendizaje – incompleto – que se recibe incluso de las
mejores Universidades a lo que se suma la falta de un mentor ¿A
qué se debe que de todas maneras ciertos Clientes están
satisfechos con el trabajo realizado por los consultores? Y la pregunta
siguiente: ¿Cuál es el cuerpo de conocimientos que los
consultores tienen en su cabeza cuando realizan una intervención
de consultoría? ¿Con qué autores, expertos, otros
consultores famosos, notables investigadores y académicos están
ellos familiarizados?
Para ello hice uso de una parte correspondiente a la propuesta que en
The Organization Development Institute International, Latinamerica acostumbramos
realizar durante la fase inicial de nuestras intervenciones. Nos interesa
aprender de los Clientes que es lo que ellos saben respecto de lo que
nosotros – creemos – que ya sabemos. Un componente de nuestra
propuesta tiene que ver con diferenciar Qué es lo que se debe
hacer respecto de Cómo debe ser realizado. Resulta fascinante
que contando con un cuerpo de conocimientos tan completo en materia de
Desarrollo Organizacional, Comportamiento y Cambio Organizacional, aún
caminemos a tientas cuando nos dedicamos a realizar intervenciones de
consultoría en las empresas y organizaciones. Por lo tanto, las
preguntas que ahora nos formulamos son las siguientes:
1. ¿Qué es lo que sabemos respecto de Comportamiento
Organizacional?
No existe duda alguna que las Organizaciones-Clientes existen “antes”
que los consultores y especialmente antes de que ellos realicen una propuesta
relacionada con su intervención. Parece importante llegar a saber,
además de todos los conocimientos ya adquiridos en una profesión
Diplomada (Ingeniería, Contador, Administración, Sistemas,
Tecnología Informática, Comunicaciones, Economía,
entre otras) cómo se comportan los individuos y también
cómo se comportan los grupos en que ellos participan. Y mucho más
importante aún, es saber cómo se comportan las Organizaciones.
Basta el simple ejemplo de una persona que va caminando por la calle y
le pega un puntapié a una piedra. Resulta bastante sencillo predecir
– aunque sea parcialmente - en qué dirección se ha
de desplazar dicha piedra y a qué distancia dicha piedra se ha
de detener. El mismo puntapié nos da una idea del peso, volumen
y forma de la piedra, y eso también es una ayuda. Pero en relación
con cada una de las personas no es fácil predecir cuál ha
de ser su comportamiento como resultado de un estímulo, en este
caso, un puntapié. Como repuesta a ello un individuo puede increparnos
muy seriamente por haberlo hecho y no ha de faltar quien nos ha de devolver
el puntapié incluso con mayor fuerza. Pero asimismo, posiblemente
no ha de faltar quién se dirija a nosotros respetuosamente y nos
diga: “Señor ¿En qué puedo ayudarle?”,
después de haber recibido nuestro puntapié. (Como asesor
de directivos y ejecutivos del mundo corporativo he escuchado muchas veces
como ellos comparten conmigo en nuestras conversaciones los puntapiés
que reciben en sus empresas, y que, en muchas ocasiones, deben responder
a ellas incluso con cierta cortesía). De modo que nos resulta difícil
predecir qué es lo que va a suceder en cuanto al comportamiento
individual de las personas como consecuencia de un puntapié, y
ello es incluso independiente del hecho que sepamos más o menos
cual es el peso, el volumen y la forma de la “otra” persona,
como sucedía con la piedra.
De modo que no resulta fácil anticipar los comportamientos de “otros”
y menos aún de varios de ellos que conforman un grupo, y sólo
mentes “muy sencillas” pueden conjeturar respecto de la dirección
que han de tomar muchas personas en una organización. Hablar de
un escenario actual y señalar lo que debería ser un “escenario
preferido” como es articulado por muchos consultores, parece ser
algo sencillo, pero no hemos visto mucha evidencia de que muchos consultores
encuentren sustento en sus cabezas respecto de cómo hacerlo.
De todas maneras, siempre intentamos aprender respecto de si nuestro supuesto
es correcto o no, y en este sentido es que hacemos uso de un material
para aprender respecto de “qué conocimientos” tienen
nuestros Clientes en la cabeza, y para este caso puntual, los consultores.
En relación con Comportamiento Organizacional contamos con un listado de contribuciones
y aportes de expertos notables que la experiencia nos ha mostrado que han sido
de utilidad, en especial a los mismos ojos de nuestros Clientes. Hemos aprendido
– duramente todos aquellos que estamos involucrados en procesos de cambio y desarrollo
organizacional – que existen diferencias notables entre los directivos, ejecutivos
y empresarios de los Estados Unidos de Norteamérica y de aquellos que se desenvuelven
dentro de organizaciones en las distintas culturas latinoamericanas. Además Eric
Gaynor (“Organization Development Institute” – World Congresses; Dublin, 1999
y México, 1997), sugiere que no siempre los aportes de los académicos, investigadores
y consultores han conseguido ser integrados entre sí y en especial en lo que se
relaciona con alcanzar el mejor arreglo organizacional como modo de definir lo
que debe modificarse en la búsqueda de una mayor y mejor eficiencia y efectividad.
Pero de todas maneras, creemos que es un buen inicio tener en cuenta los aportes
y contribuciones en materia de Comportamiento Organizacional.
Una revisión de autores y expertos notables en materia de Comportamiento Organizacional
incluye una lista de más de 60 de ellos. Cada uno de estos expertos ha dedicado
la mayor parte de sus años y también de sus energías en la búsqueda del mejor
arreglo organizacional y un número muy importante de ellos ha encontrado evidencia
empírica para sustentar sus conclusiones. Ellos son (Eric Gaynor: Jornadas de
Desarrollo Organizacional, Buenos Aires, Argentina, 2001):
Alfred D. Chandler: “Strategy and structure”,
MIT Press, 1962.
Alfred P. Sloan: “My years with GM”, Sidgwick & Jackson, 1965.
Alvin W. Gouldner: “Patterns of industrial bureaucracy”, Routledge & Kegan,
1955.
Amitai Etzioni: “Modern Organizations”, Prentice Hall, 1964.
Arnold S. Tannenbaum: “Control in organizations”, Mc Graw-Hill, 1968.
B. F. Skinner: “The behavior of organisms”; Appleton-Century-Crofts, 1938.
C. Northcote Parkinson: “Big business”, Weidenfeld & Nicholson, 1977.
Carl Frost & R. Ruh, J. Wakely: “The Scanlon plan for O. D.”; MSU, 2001
Charles E. Lindblom: “The policy-making process”, Prentice may 1968.
Charles Perrow: “Organizational Analysis: a sociological view”, Brooks/Cole,
1970
Chester I. Barnard: “The functions of the executive”, Harvard University
Press, 1938.
Chris Argyris: “Personality and Organization” – Harper & Row, 1957; & Schon,
D. : “Organizational Learning: A theory of action perspective”, Addison-Wesley,
1978.
D. Katz & R. Kahn: “The social psychology of organizations”, N.Y., John
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D. A. Mc Clelland: “Toward a theory of motive acquisition”, American Psychologist,
1965.
Daniel Goleman: “La inteligencia emocional”, Bantam Books, 1995.
David Silverman: “The theory of organizations”, Heinemann, 1970.
Derek Pugh and D. J. Hickson: “Organizational structure in its context:
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Douglas McGregor: “Leadership and motivation”, MIT press, 1966.
E. Fritz Schumacher: “Small is beautiful: a study of economics as if people
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E. Wight Bakke: “Bonds of Organization”, Archon Books, 1966.
Edgar H. Schein: “Organizational psychology”, Prentice-Hall, 1980.
Edward E. Lawler III: “Pay and organization development”, Addison-Wesley,
1981.
Elliot Jaques: “A general theory of bureaucracy”, Heinemann, 1976.
Elton Mayo: “The social problems of an industrial civilization”, Routledge
& Kegan, 1949.
Eric Trist & others: “Organizational choice”, Tavistock, 1963.
Fred E. Fiedler: “A theory of leadership effectiveness”, McGraw Hill, 1967.
Frederick Herzberg: “Managerial choice: to be efficient and to be human”,
Dow Jones – Irwin, 1976.
Frederick W. Taylor: “Scientific Management”, Harper & Row, 1947.
Geert Hofstede: “Cultures and organizations: software of the mind” Mc Graw-Hill,
1991.
Geoffrey Vickers: “Value systems and social process”, Tavistock publications,
1968.
Harry Braverman: “Labor and monopoly capitalism”, Monthly review press,
1974.
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Herbert A. Simon: “The new science of management decision”, Harper & Row,
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Oliver E. Williamson: “Economic organization”, Wheatsheaf books, 1986.
Paul R. Lawrence & Jay W. Lorsch: “Organizations & Environment”, Harvard,
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Peter F. Drucker: “The practice of management”, Harper & Row, 1954.
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Robert Michels: “Political parties”, Dover, 1959.
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Rosabeth Moss Kanter: “The change masters: corporate entrepeneurs at work”,
Allen and Unwin, 1984.
Thomas J. Peters & Robert H. Waterman: “In search of excellence: lessons
from America´s best-run companies”, Harper & Row, 1982.
Tom Burns: “Industry in a new age”, New society, 1963.
Victor H. Vroom: “Organization Theory”, Penguin Books, 1990.
Victor Thompson: “Modern Organization”. New York: Knopf, 1967
Wilfred Brown: “Exploration in management”, Heinemann educational books,
1960.
William H. Whyte: “The organization man” Penguin, 1960.
William Ouchi: “Theory Z: How American business can meet the Japanese challenge”,
Addison-Wesley, 1981.
La lista incluye a notables académicos,
investigadores, consultores, directivos y practitioners interesados en performance
organizacional. Todos ellos hacen una referencia a una selección de variables
independientes - e intervinientes - que tienen un impacto decisivo en los
resultados corporativos y en la mayoría de los casos muestran además evidencia
empírica de ello sea a través de un trabajo de campo, diversas investigaciones,
evidencia práctica o un case study. El lector avezado ha de reconocer que
independientemente de una selección de variables “distinta”, los autores pueden
diferenciarse entre sí por la distinta unidad de análisis en que ponen foco,
sea ésta el individuo, el grupo, la organización o el contexto. De lo que
si podemos estar seguros es de que en dicha lista no hay lugar alguno para
principiantes o profanos.
Definitivamente, si cada uno de las
personas notables se hubiera visto en una situación de introducir
mejoras organizacionales seguramente elegiría distintos aspectos
en Qué debería poner foco y dirección. Estos “Qué”
distintivos son los que realmente muestran diferencias entre ellos.
Las evidencias de nuestros trabajos de campo con directivos, ejecutivos,
empresarios y también consultores, muestra que la gran mayoría
de estas personas que ocupan posiciones importantes en organizaciones,
empresas e instituciones no están familiarizados con estos expertos
y sus originales creaciones en materia de arreglos organizacionales. Este
no es descubrimiento nuevo, pues los mismos resultados – desalentadores
– los hemos observado en trabajos de campo de años anteriores.
Los hallazgos han mostrado que los directivos están familiarizados
con menos del 10% del cuerpo de conocimientos relacionado con Comportamiento
Organizacional y los Consultores – incluso aquellos recientemente
graduado en las mejores Universidades- desconocen más del 80 %
de estos importantes aportes. Pero lo más dramático es que
aquellos autores a “quienes los directivos y consultores dicen conocer”,
sus interpretaciones (la de los directivos / consultores) respecto de
las premisas básicas de ellos (los expertos) son muchas veces erradas!
No creo que expertos de la NASA puedan prescindir de los aportes de Newton
y Einstein para poder enviar un cohete a la Luna…
Pero vamos a “otorgar el beneficio de la duda” y asumir que
quizás no es tan importante contar con el cuerpo de conocimientos
vinculado con el comportamiento de las organizaciones. Vamos a suponer
que todo este enorme número de directivos y consultores han nacido
con un “don” empresarial y organizacional tan grande, que
les permite prescindir de los conocimientos de otros en relación
con cómo se comportan las empresas. Y ahora nos ponemos a analizar
que lo más importante tiene que ver con la introducción
de mejoras, de cambios, y de modificaciones tanto en las personas, la
tecnología, los procesos, y las comunicaciones. Para esto es
necesario saber “cómo” voy a modificar el estado del
actual escenario para llevarlo a un escenario preferido (no solamente
es necesario saber “Qué” debo hacer. Y aquí
también existe un número importante de trabajos de muchas
personas, que han dedicado algunos de ellos, casi toda su existencia para
encontrar el mejor modo de facilitar los procesos de cambio en las organizaciones.
Para ello nos hemos de alejar un poco del cuerpo de conocimientos de Comportamiento
Organizacional y nos hemos de adentrar en el cuerpo de conocimientos de
Desarrollo Organizacional con su sustento dentro de las Ciencias del Comportamiento.
Pasemos entonces a explorar los trabajos de algunos de aquellos autores
y expertos notables que han estado particularmente interesados en el “Como”.
· Desarrollo Organizacional
– Teorías Organizacionales
En su libro “Practicing Organization Development – A guide
for consultants” (editado por William J. Rothwell, Roland Sullivan
& Gary N. McLean, Pfeiffer, 1995) se incluye una serie de definiciones
de Desarrollo Organizacional haciendo mención puntual a las declaraciones
de:
Beckhard, 1969 (“Organization Development:
Strategies And Models”; Reading, MA: Addison-Wesley);
Bennis, 1969 ; (“Organization Development: its nature, origin
and prospects”; Reading, MA: Addison-Wesley);
Burke, 1982; (“Organization Development: Principles and Practices”;
New York: Little, Brown & Co.);
McLagan, 1989; (“Models for HRD practice”; Alexandria,
VA: American Society for Training and Development);
French & Bell, 1990; (“Organizational Development: Behavioral
science interventions for organization improvement”; Englewood
Cliffs, N.J.: Prentice-Hall).
En un intento por resumir
estas definiciones y unirlas a través de un hilo conductor William
J. Rothwell, Roland Sullivan & Gary N. McLean, Pfeiffer (en la edición
citada de 1995), señalan cuatro aspectos principales:
1. Desarrollo organizacional
tiene una perspectiva de largo plazo, lo que implica que no representa
una estrategia de hacer arreglos “de reparación rápida”
algo que ya ha sido notado por Kilmann, 1984 (“Beyond the quick
fix: Managing five tracks to organizational success”; San Francisco,
CA: Jossey-Bass) y Naisbitt, 1982 (“Megatrends: Ten new directions
transforming our lives”; New York: Warner Books).
2. A pesar de que un proceso de cambio y desarrollo organizacional
puede realizarse a cualquier nivel como lo sugiere Beer, 1980 (“Organization
change and Development : A systems view”; Santa Monica, Ca:
Goodyear) los tres autores destacan la necesidad de recibir el apoyo
y el esponsoreo desde la cúspide de la organización.
3. El proceso educativo y de aprendizaje es central al proceso de
cambio y desarrollo organizacional. Se requiere el aprendizaje y aplicación
de nuevas ideas, creencias, comportamientos y actitudes de parte de
los distintos miembros organizacionales.
4. A diferencia de otros enfoques de consultoría el Desarrollo
Organizacional tiene especialmente en cuenta la participación
del propio personal de la organización en las distintas etapas
de diagnóstico, búsqueda de soluciones y selección,
identificación de los objetivos a cambiar, implementación
de cambio planificado, y evaluación de los resultados.
De esta manera, William J.
Rothwell, Roland Sullivan & Gary N. McLean (1995) nos ayudan a identificar
un hilo común a través de distintas definiciones, apreciaciones
y enfoques de desarrollo organizacional.
El Dr. Donald Cole (“Congreso de Desarrollo Organizacional”,
Buenos Aires, Argentina – 1997) señala que la profesión
de desarrollo organizacional emerge como consecuencia de la mayor complejidad
organizacional que es requerida para afrontar los cambios en el contexto,
y que toma la forma de “organización matricial”.
Robert Blake & Jane Mouton, 1985 (The managerial grid III”,
Gulf Publishing) acuñaron el término de "organización
matricial" antes del fin de la década de los 60 del
siglo pasado. De allí en más – Dr. Donald Cole,
1997 – las organizaciones que adopten un arreglo matricial, implican
que cada persona responda a más de una, tarea que no ha estado
presente en las formas organizacionales tradicionales.
Podemos señalar que Desarrollo Organizacional surge a principios
de los sesenta cuando ya no existe duda alguna que la escuela clásica
de pensamiento, la de relaciones humanas, la de recursos humanos y la
burocrática, han manifestado sus rendimientos decrecientes, por
decir lo menos. Wendell, F. y Bell, C. – 1995 (ya mencionado)
ponen énfasis en cuatro distintas aplicaciones relacionadas con
las ciencias del comportamiento, y como ellas han impactado sobre desarrollo
organizacional, siendo ellas:
- “laboratory training”;
- “survey research & feedback”,
- “action research”, y
- la escuela socio-técnica de Tavistock.
El desarrollo organizacional
(DO) surge a principios de los años sesenta del siglo pasado
como consecuencia principalmente de los rendimientos decrecientes de
las cuatro filosofías de dirección a que hemos hecho mención
(escuela clásica de pensamiento, la de relaciones humanas, la
de recursos humanos y la burocrática). Es también notable
como el surgimiento del Desarrollo Organizacional coincide con lo que
hemos denominado “decaimiento de la importancia de la Profesión”.
Efectivamente, las profesiones en los años 60 comenzaron a decaer
en importancia (en los Estados Unidos de Norteamérica). Diversos
trabajos de campo y de investigación comienzan a mostrar evidencia
donde “la profesión” ayuda a subir en la pirámide
organizacional hasta los puestos gerenciales, pero tienen dificultades
para consolidarse en la cúspide de la empresa. Surgen nuevas
habilidades – intra e interpersonales – que usualmente no
son aprendidas, y por lo general tampoco son enseñadas, en los
mejores centros de estudio y Universidades del planeta.
El punto culminante del “alcance del rol profesional” y
como su carrera profesional puede verse “interrumpido” dentro
de las empresas, es puesto de manifiesto por el Dr. Donald Cole, 1981
(“Professional Suicide”; New York, Mc Graw Hill) que ha
sido editado en español y tiene como co-autor a Eric Gaynor,
2002 (“Suicidio Profesional”, Buenos Aires, Editor: The
O. D. Institute International). En USA identificaron muy rápidamente
que los conocimientos “profesionales” aunque necesarios,
no eran suficientes para que una organización sea competitiva
y pueda sustentar dicha competitividad en el tiempo. Esto es particularmente
cierto para las profesiones de Administración e Ingeniería
entre otros; de aquí en más los profesionales debían
además centrar sus esfuerzos, recursos y energías en aprender
a conocerse un poco más a sí mismo y también a
los demás. Algo a lo que las profesiones “tradicionales”
nos han tenmido acostumbrados.
Desarrollo Organizacional tiene que ver entonces directamente con los
participantes organizacionales, y “Cómo” estos pueden
cambiar sus creencias, valores, conductas y actitudes. Algo común
a todos ellos – a diferencia de muchos de los notables expertos
a que se ha hecho mención bajo “Comportamiento Organizacional”
en la sección más arriba, es el foco en los cambios y
en los procesos por encima del “Qué” es lo que nos
acerca a mayor y mejor performance organizacional. Hemos de citar a
algunos de los expertos en Desarrollo Organizacional:
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competence and organizational effectiveness”. Belmont, CA: Dorsey
Press.
Argyris, Chris, (1970): “Intervention theory and method: a behavioral
science view”. Reading, MA: Addison-Wesley.
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models”. Reading, MA: Addison-Wesley.
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Reading, MA: Addison-Wesley.
Beer, M. (1980): “Organization change and Development: A Systems
view”. Santa Monica, CA: Goodyear.
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Rogers, Carl (1942): “Counseling and Psychoteraphy”. Boston,
MA: Houghton-Mifflin.
Schein, Edgar (1985): “Organizational culture and leadership”.
San Francisco, CA: Jossey-Bass.
Schein, Edgar (1969): “Process Consultation: its role in organization
development”. Reading, MA: Addison-Wesley.
Senge, Peter (1990): “The fifth discipline”. New York:
Doubleday.
Shaw, M. (1981): “Group Dynamics: the psychology of small group
behavior”. N.Y.: McGraw-Hill.
Vroom, Victor (1964): “Work and Motivation”. N.Y. : John
Wiley & Sons.
Un gran número de las
personas recién nombradas se diferencian respecto de la inmensa
mayoría de aquellos que fueron citados en la sección de
comportamiento organizacional por el hecho que privilegian poner foco
en el proceso de “Cómo” se puede alcanzar performance
improvement dentro del mundo organizativo. Es decir, en lugar de definir
“Cuál” es la empresa más exitosa y describir
“Qué” es lo que éstas hacen precisando en alguna
medida su perfil – como es el caso de los autores, directivos, consultores,
académicos e investigadores expertos incluidos en la sección
de comportamiento organizacional – nos encontramos con que los expertos
en desarrollo organizacional privilegian el “Cómo”,
es decir el proceso por el cual se puede llegar a alcanzar performance
improvement.
El lector debe estar dimensionando la magnitud de complejidad al que se
enfrenta todo aquel que intenta “Cambiar” o modificar una
estructura organizativa vigente, algo que Macchiavello advirtió
al Príncipe hace muchos siglos atrás. Integrar los pensamientos
en materia de comportamiento organizacional (más de 60 expertos
notables) con los de más de 30 probados expertos en cambio organizacional,
no parece ser una tarea sencilla.
En un esfuerzo por integrar eficazmente las contribuciones de los expertos
en Comportamiento organizacional con los de Desarrollo Organizacional
los autores R. Schmuk & M. Miles, 1971 (“Improving schools through
OD: An overview”; Palo Alto, CA: National Press Books), crearon
un modelo basado en tres dimensiones principales, siendo ellos:
- Los problemas diagnosticados;
- Los tipos o modos de intervención; y
- La unidad de análisis que se privilegia.
El esquema de estos dos últimos
autores toma en cuenta unos siete aspectos principales en materia de unidad
de análisis: la organización en su conjunto, relaciones
intergrupales, grupos o equipos, encuentros de a dos o de a t res, roles
y una persona en particular. Por otro lado -en relación a los problemas
diagnosticados- hacen mención a los siguientes componentes: objetivos,
comunicación, cultura, liderazgo, resolución de problemas,
toma de decisiones, conflicto, definición de roles. Y en cuanto
a los tipos y modos de intervención destacan los siguientes: entrenamiento,
data feedback, consultoría de procesos, coaching, resolución
de problemas, feedback de información, confrontación y planeamiento,
entre otros. Rothwell, Sulllivan & McLean (1995) hacen mención
a un número importante de tipos de intervención con su respectiva
descripción del que seguramente se han de beneficiar los que se
familiarizan con él.
Aquí los hallazgos muestran que las falencias de los altos directivos
y ejecutivos del mundo corporativo como así también de los
consultores externos que prestan servicios profesionales de asesoría,
en cuanto al conocimiento de “cómo” realizar el
cambio, es aún más dramático que en el caso anterior.
La filosofía de dirección prevaleciente en los directivos
y también en los consultores, es según “lo observado”,
muy cercano al prevaleciente en la organización jerárquica
piramidal. Este estilo gerencial y la filosofía de dirección
pudo funcionar hace muchos años cuando las fuerzas del contexto
y en especial de los Clientes, no tenían la preponderancia de hoy
en día. La fuerza del producto era la prevaleciente hace 70 años
atrás, pero ya no lo es más. Ahora el estímulo que
impacta sobre el comportamiento y el desarrollo organizacional resulta
del conjunto de fuerzas que se origina en el Cliente. Y esto hace totalmente
imprescindible desarrollar una filosofía de dirección distinta
de la que prevalecía en la organización jerárquica
piramidal. Muchos hablan de que las organizaciones en las culturas latinoamericanas
son “burocráticas” pero no conocen realmente lo que
burocracia significaba para Max Weber (1947 – ya citado). Y tampoco
conocen las dos dimensiones principales de la burocracia, y por lo tanto
eso crea problemas para poder superarla. Podemos ir un poco más
allá aún; nos podemos atrever a afirmar que quizás
en distintas culturas latinoamericanas la falta de competitividad internacional
puede ser la resultante del desconocimiento de “qué”
hacer y de “cómo” hacerlo (conocimiento relacionado
tanto con el Comportamiento Organizacional como con el Desarrollo Organizacional).
Podemos sugerir que los directivos y consultores de empresas deben esforzarse
en aprender de otros, si desean participar de un “juego competitivo”,
como es el mundo de los negocios en la actualidad. La carencia de conocimientos
que “existen” y son públicos y están al acceso
de otros que son competidores – como es el caso de los aportes y
contribuciones a que hemos hecho mención más arriba –
ponen a los directivos y consultores en una zona de “aparente comodidad”
donde tienen “La Ilusión de que les va bien”…
hasta que les deja de ir bien. Por supuesto, la filosofía de dirección
prevaleciente en dicha organización jerárquica piramidal
siempre tiene a su alcance una explicación de su fracaso: todos
ellos están orientados a operar bajo lo que se conoce como el “locus
de control externo”: para ellos, siempre ha de existir alguien a
quien pueden culpar por su fracaso!
En este trabajo hemos intentado compartir con el lector los dilemas que
debe vivir toda persona interesada en realizar un cambio organizacional
– como lo son los directivos, asesores y consultores de empresa
- dentro de una empresa en su intento de mejorar la performance organizacional.
Muchas veces los directivos y consultores se ven empujados a tomar una
posición que resulta de un enfoque limitado... lo que naturalmente
conduce a resultados limitados. Tratar a una situación compleja
de manera compleja, incluyendo los distintos aportes y contribuciones,
representa un muy buen punto de inicio para toda intervención.
Queremos además compartir con ustedes que desde hace más
de tres décadas The Organization Development Institute bajo el
liderazgo de su Presidente el Dr. Donald W. Cole, está trabajando
en el desarrollo de las “Competencias requeridas de parte
de un Consultor” para el ejercicio de la profesión
de Desarrollo Organizacional. Aquellos interesados lectores interesados
en estos aportes pueden dirigirse a Eric Gaynor Butterfield, via email:
odicoaching@dilhard.com.ar . Como hemos manifestado en numerosas oportunidades:
“Los Clientes no tienen por qué pagar un precio dentro de
los honorarios profesionales de los consultores, que resulte de la falta
de conocimientos de éstos últimos” (Jornada de Desarrollo
Organizacional, Buenos Aires, Argentina. 2003).
No esperamos poder definir y menos aún resolver este dilema en
cuanto a la selección ideal de “qué” hacer y
“cómo” hacer las cosas cuando realizamos una intervención
de consultoría, pero creo que si hemos logrado mostrar una dimensión
de los conocimientos que son requeridos, y la complejidad del fenómeno,
y tenemos por lo menos un punto de partida para no poner sobre nuestros
Clientes, las limitaciones de nosotros mismos como Consultores de Empresas.
Queda claro que el conocimiento es necesario aunque quizás no sea
suficiente; y también debemos aprender todos aquellos que trabajamos
para mejorar las organizaciones en las distintas culturas de Latino América,
que ignorar los aportes de notables expertos en materia de Comportamiento
Organizacional y Desarrollo Organizacional, puede representar una “mejor
forma respecto de como hacer las cosas peor”. Sus competidores han
de estar felices de que así sea!
Muchas gracias por compartir, estimado lector.
Abstract de la Jornada de Desarrollo
Organizacional: “Expertise y competencias necesarias de los Consultores”
realizada en Noviembre del 2005, a cargo de Eric Gaynor Butterfield
(RODP)
Presidente - The Organization Development Institute International, Latin
America
(Board Member de The Organization Development Institute- Worldwide) www.theodinstitute.org
Palabras clave: consultoría, desarrollo organizacional, intervención, asesoría, asesor, consultor, desarrollo organizacional, conocimiento, formación, educación, profesión, teorías, modelos