
La forma en que nos vemos a nosotros mismos influye en la forma
de actuar en todos los ámbitos de nuestra vida, tanto en
las relaciones personales como en las relaciones de negocios.
Esta percepción que tenemos de nuestro Ser, es la que nos
impulsa a accionar de una determinada manera. Si creemos que somos
débiles y necesitados, nos mostramos débiles y necesitados.
Si consideramos que somos seres con fortaleza interna, también
lo manifestamos al exterior.
Por ello resulta tan importante tener una opinión valiosa
de nosotros mismos. Esto no significa que seamos arrogantes, que
ignoremos nuestras debilidades, sino todo lo contrario, es observar
con humildad nuestro ser íntegro y reconocer las virtudes,
las zonas en las que nos destacamos y también reconocer
las zonas más débiles, donde todavía tenemos
que aprender y trabajar.
Todos los seres humanos somos en nuestro interior un conjunto
de dualidades, somos valientes y cobardes, sabios e ignorantes,
trabajadores y haraganes, arrogantes y humildes, fuertes y débiles,
etc. Estas características conviven en todos y cada uno
de nosotros, el desarrollo personal consiste en descubrir cuáles
son las que más nos representan, cuales son las que mejor
podemos aprovechar en nuestro ámbito de acción ya
sea personal como laboral, cuales son las que deseamos cambiar.
Efectuar este trabajo
nos lleva a una posición de poder interno.
Este poder personal se basa en el conocimiento y la aceptación
de nosotros mismos.
Si nos conocemos profundamente, sabemos casi intuitivamente cómo aprovechar y sacar ventaja de nuestras fortalezas, cómo disminuir el efecto de nuestras debilidades. Si utilizamos este poder en lo cotidiano, actuaremos con mayor seguridad, veremos cómo vamos piloteando las tormentas según nuestro mejor criterio, apoyados en nuestras mejores aptitudes.
Si resignamos el poder en favor de otros, nos sentiremos como personajes interpretando un rol, de un guión escrito y dirigido por otra persona, en lugar de ser los protagonistas de nuestra propia historia.