A veces en nuestro devenir se nos olvida que la felicidad es la suma de pequeñas cosas. Al leer esta nota me hizo recordar ejemplos cotidianos que me dan una inmensa felicidad, gracias por ello: la risa sonora, franca y espontántea de mi sobrino; su abrazo sincero cuando llego a casa; su invitación a jugar, a que me convierta nuevamente en niña; el saborear la sazón de mi madre, una noche de luna llena, escuchar un melodia dedicada, la llamada de un amigo.... en fin la vida nos ofrece todos estos momentos como la naturaleza nos regala el perfume de las flores.