La sociedad, el entorno, la familia, las empresas, el gobierno, nos imponen normas y reglas de juego, algunas benéficas y otras innecesarias, algunas semejantes y otras discímiles, algunas importantes y otras urgentes, algunas fruto del consenso y otras dictatoriales, algunas a corto plazo y otras a largo plazo, algunas coherentes y otras generadas por la moda, algunas proactivas y otras reactivas, algunas egoistas y otras altruistas, algunas necesarias y otras redundantes.
Por ello, a veces perdemos el control de nuestras vidas y lo dejamos al vaivén del entorno, a los caprichos y destino de lo que quieren los demás, en detrimento de nuestras propias necesidades, deseos y conveniencia.