Es posible eliminar la guerra y la destrucción si comenzamos con nuestros niños y jóvenes, educándolos para entender los condicionantes que les enseñan a odiar a aquellas personas diferentes...
La respuesta a esta interrogante, precisamente se encuentra en actitudes de padres y profesores, aunque muchas veces, en este último caso, la responsabilidad recae en el Director o Directora del establecimiento educacional, por su deficiente gestión, tanto orientada al mundo académico como al aspecto administrativo. Hay muchos Colegios donde el Director compite con Dios, donde sólo su palabra es la que vale -por sobre la de los Profesores y la de los Padres, quienes curiosamente su comportamiento se confunde en el de un alumno que se desinfla frente a la principal autoridad-; por su parte, los profesores y sus temores, no son honestos consigo mismos ni con el Colegio -menos aún con sus alumnos-, en relación a hacer prevalecer lo técnico y lo valórico que les es pertinente entregar en las aulas, ya sea como mejores metodologías de enseñanza, como mejor disposición hacia los alumnos. Por otra parte, muchos padres dan pésimas señales al Colegio y a los profesores, en términos de "descansar" y depositar en ellos la total responsabilidad de la formación de sus hijos, sin tener ni evidenciar una actitud de compromiso con sus hijos ni con quienes le están entregando conocimiento y formación escolar duramte varias horas del día. Otros casos de papás, son de aquellos que les da el temor erróneo acerca de evitar enfrentar un problema que afecta a su hijo por miedo a que el profesor tome represalias contra su hijo (simplemente, absurdo!!).
"¿Cómo pudo suceder?", nos muestra la penosa realidad de las culpas compartidas, principalmente entre Padres y Colegios (no estoy tan seguro de culpar a los profesores solamente -salvo los malos profesores-, quienes son empleados de un sistema lleno de errores, y viven de un sueldo que ellos no fijan ni que tampoco lo tienen asegurado).
Por lo tanto, los padres debemos dejar de ser sólo observadores, y asumir nuestro rol activo, con responsabilidad por nuestros hijos, nuestros aliados estratégicos (Profesores y Colegio) y por nuestra sociedad. Necesariamente hay que trabajar en conjunto, ahora, hoy mismo, comenzando por diagnosticar las causas que ocasionan los actuales problemas de nuestros hijos, y formar equipos para diseñar las soluciones pertinentes. Es preciso que las partes comiencen a escucharse lo que deben decirse, con respeto, madurez y claridad (ser asertivos).
Desde Santiago de Chile, Camilo Acevedo.