
Con el comentario de Fabián, inmediatamente lo asocié a un aspecto de mi vida. Al terminar la Universidad, un profesor me alentó a estudiar una maestría; yo soy de Guadalajara, México, y apenas con 22 años decidí irme a Campinas, en Sao Paulo, Brasil. Mi padre creía que no aguataría estar allá; me compró el boleto de avión de ida y vuelta, para que lo usara cuando yo considerara conveniente. Ahí conocí a Vicente, mexicano también; él era de Veracruz, muy lejos de Guadalajara; en México difícilmente nos habríamos llegado a conocer. A nuestro regreso a México nos casamosy tuvimos la dicha de vivir 22 años de matrimonio, compartiendo nuestras vidas. Tuvimos tres hijas que ahora son mi razón de ser. Él murió hace casi dos años. Esa "casualidad" de conocernos tan lejos de nuestro origen, nos dio a ambos el milagro del amor, de encontrar juntos la felicidad, que perdura aunque él ya no esté físicamente presente.