La interacción entre las paersonas, en la forma de causa-efecto, no tiene necesariamente que ser un "círculo vicioso". Está en nuestra voluntad que sea un "círculo virtuoso". Así, si tendemos una mano o si hacemos algún acto que contribuya a aliviar su estado a un semejante, es posible que acaso sin darnos cuenta, estaremos contribuyendo a generar conductas similares en esa u otras personas.