Un pequeño teleférico avanza oscilante sobre las escarpadas gargantas, que conducen a la cumbre más elevada de los montes Tatra, en Polonia...
En el artículo se presentan 4 interpretaciones. Las 4 permanecen en la individualidad. Sin embargo, los pasajeros forman un grupo momentáneo: están juntos en un viaje (no se rescata esto en el artículo, pero resulta claro si añadimos una circunstancia: el teleférico se queda parado por 8 horas, entonces seguramente surgirán innumerables interacciones que en el simple traslado son mínimas).
Ciertamente, para lograr un cambio en la vida primero hay que hacerse consciente de el propio paradigma con el que uno observa la realidad. Pero no somos seres aislados. La realidad está a la vez interactuando con cada uno de nosotros. La angustia de la mujer neoyorquina puede ser integrada en una visión compartida, pero trascendida a partir de las otras visiones. El gran gozo de los niños puede ser alimentado positivamente por una observación de precaución. Etc.
El cambio social implica la aceptación del otro, como el artículo invita. Aceptar los gozos y las angustias del otro con sus propias historias da mucho material para lograr incrementar el nivel de las relaciones y, con ello, los resultados del grupo.