Tal vez si fueramos más nómadas y menos arraigados a lugares, costumbres, hábitos y certidumbres y fueramos más libres para movernos, no sólo físicamente, sino esencialmente de manera mental, seríamos más capaces de ver el mundo, no sólo como de ganadores y perdedores, sino simplemente como seres humanos con ansias de vivir, conocer, entonces pasaríamos tolerarnos por un accidente de la vida a respetarnos como uno de tantos pero tan valioso como ninguno
Arnulfo Arteaga García