Quizá nos han enseñado a reconocer nuestros errores pero no tanto en saber manejarlos, es decir optimizarlos, sacar el mayor provecho de ellos para nosotros mismos y para el ofendido.
Aprender de lo negativo puede y deber de ser fructuoso.
No es una práctica frecuente puesto que requiere valor, sinceridad, apertura consigo mismo y con los demás.
Conocerse a sí mismo sigue siendo uno de los pilares de la madurez.