Jueves 24 de Mayo de 2012
 

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Editorial

Abandonamos... nuestros paraguas.

28 de Junio: Día de la Efectividad. Esta nota Editorial es muy especial...


Horacio Drago

  • El Bolson
  • Argentina








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Comentario

Horacio Drago |
El paraguas más grande del presente

Para occidente en primer plano, y para la mayoría de las culturas del presente, el paraguas más grande de la actualidad (casi tan grande como el planeta), es el paradigma del dinero. Todos, grandes y chicos, ricos y pobres, negros y blancos, mujeres y hombres lo sustentamos y le damos fuerza, le adjudicamos un supuesto poder protector. El campo de cobertura y su mística ha superado con creces inclusive a todas las religiones del mundo. ¿Nos atrevemos a pensar acaso tan solo por unos minutos cómo sería nuestra vida si no existiera el dinero? Recuerdo que cierta vez les hice una propuesta a los responsables del Club de la Efectividad en tal sentido: ¿Cómo podrían hacer viable el proyecto del Club, con todas sus interesantísimas actividades, sin pedir a cambio dinero? No tuve respuesta. Lo podamos ver o no, el paradigma del dinero nos proporciona ese marco de referencia, concreto y al mismo tiempo abstracto, en el cual nos movemos casi todo el tiempo. Pensemos en forma desafiante hacia nosotros mismos y veremos que rara vez damos algún paso fuera de ese marco, esos límites imaginarios, esos esquemas mentales tradicionales. ¿Pero qué queda afuera? Pues muchísimo, tanto que nos asusta demasiado ponernos a pensar en la posibilidad siquiera de otros valores de intercambio, otras reglas de juego, otras unidades de cuenta que las ya conocidas, esas que entidades abstractas e inaccesibles nos fijan desde el afuera, bien lejos de nuestras capacidades y valores personales, mediante patrones que tampoco suelen ser los más armoniosos con la ética, la justicia y las leyes de la naturaleza. Lo que conocemos como economía dominante es ya una presencia tan poderosa y arraigada en nuestros subconcientes que, para la mayoría, se presenta como un medio tan natural como el aire que respiramos. La humanidad ha sabido crear avances tecnológicos insospechados desde hace apenas 40 o 60 años, sin embargo no se atreve todavía a imaginar un nuevo sistema de creencias, otra manera de canalizar los intercambios comerciales necesarios para hacer posible el desarrollo de una vida armónica, pacífica y equitativa sobre el planeta que habitamos. Hubo sí (y hay) algunos intentos muy precarios mediante experiencias tales como las redes de trueque, los cuales más allá de fallas conceptuales y estructurales casi siempre muy grotescas, no llegan a despegar del modelo conocido, pues en casi todos los casos usan como referencia el propio dinero de curso legal para valuar bienes y servicios, lo cual resulta ser más de lo mismo. ¿Qué pasaría si pudiéramos contar con un sistema de intercambios que nos permita circular nuestros dones, capacidades, habilidades, productos y servicios y compensarlos equitativamente con los de nuestros semejantes en base al "valor utilidad o necesidad", y ya no en base al valor monetario o de mercado? ¿Tan difícil sería encarar dicho desafío para una sociedad que es capaz de crear inteligencia artificial o clonar seres vivientes? ¿Es razonable que un deportista famoso que sabe pegarle con habilidad a la pelota gane millones y un productor de hortalizas se muera de hambre? ¿Cual es la utilidad concreta de una y otra profesión para sus semejantes? ¿Cuantas de nuestras ocupaciones y oficios dejarían de tener real vigencia y pasarían a ser actividades completamente inútiles para una sociedad más evolucionada, una cultura que ya no se mueva dentro del paradigma actual del dinero y el mercadeo? ¿Cuantos centros de poder mundial carecerían de sentido y se derrumbarían por su propio peso al no poder concentrar y dirigir las actividades productivas de comunidades enteras mediante el conocido flujo de capitales y sus movimientos especulativos a gran escala? Podrán decirme que hay una sola y bien simple respuesta a todas estas preguntas, que la ley de la oferta y la demanda no se puede cambiar, y es la que sabiamente rige todas estas cuestiones. Y yo les digo: Si, es verdad, eso es así en tanto y en cuanto no nos animemos a salirnos de bajo nuestro paraguas por excelencia: El paradigma del dinero. La supuesta zona de confort que nos brinda ese gran paraguas es todavía demasiado fuerte, tanto que pareciera que no puede ser cuestionada. O mejor dicho, aún no ha surgido una suficiente masa crítica que se atreva a cuestionarla. Hagámonos responsables entonces en primera persona por todas las variables que entran dentro de las reglas de juego de nuestra economía actual, desde los niños abandonados, hasta la guerra en Irak. Otra sociedad es viable, otro futuro es posible, y el presente, con nuestras actividades y actitudes cotidianas es el taller donde se lo construye. Club de la Efectividad... gente que no usa paraguas, sólo sombrillas... Cordiales saludos, mis sinceras felicitaciones por la tarea del Club, y perdón por la chanza del final! Horacio Drago El Bolsón / Patagonia


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