Nos quejamos permanentemente de que el tiempo no nos alcanza, pero nunca visualizamos que parte de la culpa la tenemos nosotros mismos por no parovechar adecuadamente el tiempo de los demás. No respetamos el tiempo de los demás, cuando no se maneja con cierta rigurosidad la agenda y los hacemos esperar, cuando en una reunión se retoma un tema y cada cual habla sobre el mismo sin aportar nuevos elementos, cunado no se planifica el tiempo y las reuniones se vuelven extensas, agotadoras e improductivas