Nuestros abuelos y después nuestros padres nos han educado de una manera que pone a los hombres como el sexo fuerte y el responsable de proveer lo necesario en la familia, y por lo tanto la parte afectiva queda relegada a un segundo término. Esta parte afectiva ha sido tomada por la mujer, lo cual ha hecho que ella gane mucho más terreno en el cariño que los hijos tienen por ellas que por los padres. Si no simplemente voltéen a ver en las calles cunatos hombres indigentes hay a comparación de las mujeres, ya que por lo regular estas son mejor acogidas por los hijos.