Es importante destacar el cómo no se logra salir del asombro cotidiano, el descaro de los cronistas del mundo es cada vez más revelador. Sin embargo aún el mundo no se pronuncia, aún se vislumbra mucha sordera y enmudecimiento sobre lo que sucede.El círculo se ha completado, la política Norte americana hacia el mundo hace valer su simpatía durante los procesos electorales, en los cuales el candidato que logre hablar con mayor ímpetu sobre la seguridad nacional establecida en las guerras desarrolladas a decenas de millares de kilómetros en tierras foráneas es el que goza de mayor simpatía y que por mis palabras me dispensen aquellos ciudadano de Norte América que estén en contra. Sin embargo, es claro que la mayoría incluyendo los nuevos ciudadanos, hijos de Latinoamérica y resto de los países del mundo, que son víctima de la supremacía del imperio y sus artificios de enajenación humana.
Ahora quien hace la guerra y es responsable de miles de muertes, es el flamante insigne de la paz, me recuerda al premio nobel de la paz centroamericano “Oscar Áreas” presidente actual de Costa Rica, cuando ganó el premio Nobel a costa del sacrificio del pueblo de Nicaragua, quien después de haber estado sumido en la guerra buscaba afanosamente su redención, negociando internamente entre las fracciones en contraposición, así de nuevo se buscó un galardón tratando de ser el artífice de la paz en los acontecimientos en Honduras.
Vaya que desprestigio para quienes conforman el jurado o comité encargado de entregar el galardón del “Premio Nobel”, no cabe duda que los principios están torcidos y la suerte echada. No obstante, los desfachatados toman el galardón, los sinvergüenzas lo entregan y los vividores y oportunistas corren siempre tras él.
Lamentablemente, el mundo sigue callando, así seguimos siendo artífices o complices de nuestras desgracias.