Cada persona custodia en su intimidad una puerta del cambio, una puerta que sólo puede abrirse desde dentro. Cambiar es algo asequible a todos. Lo decisivo es tratarlo seriamente con uno mismo. El consejo viene de Epícteto: "nadie tiene tanto poder para persuadirte a ti como el que tienes tú mismo". http://www.fluvium.org/textos/documentacion/eti140.htm
Por otra parte, no hay que “manipular” el vocablo “cambio” dándole la condición de "talismán".
No se trata de “cambiar por cambiar”, pues el cambio no es un fin en sí mismo, sino sólo un medio.
Hay muchas cosas que no son susceptibles de cambios. Los “valores” nunca cambian.
Dar por hecho que cambio equivale a progreso, en el sentido positivo de este vocablo, es una precipitación absurda. http://www.riial.org/manipulacion_05.htm
Al respecto es interesante conocer los pensamientos del destacado filósofo español Alfonso López Quintás