De acuerdo a lo que he podido conocer del estrés, nuestra cultura -al menos la latina- nos plantea dicho estado como un estado de desorden psicológico, reflejo de estímulos no precisaamente amistosos y agradables, sino por el contrario. Quisiera recomendar a quien me lea que, desde este momento, elimine el paradigma del estrés. Es más, lo insto a que viva el estrés y viva con estrés. ¿Una locura? No, simplemente, tener claro que el estrés es como el colesterol: tenemos del "bueno" y del "malo". El estrés que comúnmente "conocemos" es el distrés, vale decir aquél estrés que nos lleva al reposo obligado, con recomendación médica. Pero también está el eustrés, que es aquel estrés "positivo" que necesitamos las personas para mantenernos estimulados y concentrados al enfrentar un desafío en el trabajo, o en otro ambiente, y que es importante para nuestro crecimiento o estabilidad. La clave, creo, para manejar hábilmente ambos estados del estrés, y "sobrevivir" a ello, es la actitud, y tener -o generar- algo que se llama reciliencia (desconozco fehacientemente si la reciliencia se crea; quizás sí, con los años y la madurez que la persona alcance), naturalmente acompañado de conocimiento, criterio, honestidad consigo mismo, entre otros tantos factores, cualidades y virtudes.
Ok, gracias Fabián y equipo por este artículo, que estimula el debate y el intercambio de conocimiento para el crecimiento. Vuestro noble objetivo, lográndose de nuevo.
Saludos a todos.
Camilo, desde Santiago de Chile.