Lo más grande lo evaluamos nosotros mismos. ¡Cuantas veces sentimos el palpitar acelerado del corazón por el pequeño instante en que se fija una mirada directa a los ojos que dice más que mil palabras! una sonrisa que nos alegra el día y queda estampada cual fotográfía en nuestra mente, que cuando la recordamos en tiempo difíciles, viene a ser "como agua fresca al alma sedienta"
Lo pequeño se transforma en lo más grande dependiendo la actitud con que lo recibamos y el valor que le demos en el momento en que lo percibimos, que marca nuestras vidas, como el pequeño frágil cuerpo de un recién nacido que recibe el regazo de una mamá o un papá, para quien desde ese momento pasa a ser más importante que su propia vida.
Zaida