Al leer este artículo me lleva a la reflexión: ¿Vale la pena estar siempre corriendo para llegar...? ¿Y después qué? Los otros días, precisamente el domingo pasado , fue un día espectacular y no quise desaprovecharlo. Me fui a Palermo, camine tranquilamente unas 20 cuadras, sin apuro, disfrutando del día, del paisaje, y del sol. Cuando se tiene un momento y un día así, lo mejor es disfrutarlo. Por eso prefiero el camino largo, donde pueda dejar mis impresiones, descansar, y expresar lo que siento, siempre. Muchas Gracias.
Beatriz