Desarrollamos con el tiempo una relación de amor-odio: nos esforzamos por conquistarlo y -simultáneamente- escapar de él. Esta peculiar relación no es natural...
En realidad, el tiempo no existe. Piénsese en un mundo inmutable; en él la noción de tiempo no tendría sentido. El tiempo es una construcción cultural; es una forma de comparar acontecimientos de distintos tipos, básicamente en relación con nuestras vidas. Consecuentemente, no es el tiempo que vivimos el que pierde calidad; son nuestros actos, nuestras vidas la que la pierden. En nuestro afán de querer hacer más y más en el trascurso de nuestra existencia nos obnubilamos con ese objetivo y dejamos de darnos cuenta de la calidad intrínseca dque pueden adquirir unas pocas actividades, bien escogidas.