Trabajar con personas de edades muy variadas es un gran desafío. Cada generación tiene sus propias normas, valores, creencias e influencias históricas que modelaron sus paradigmas y conductas...
Los jóvenes son más flexibles ya que no tienen estructuras muy arraigadas como los mayores, además tienen otra mirada de las cosas y de la que los mayores tenemos que aprender. También los jóvenes tienen ese idealismo tan sano que les permite ser audaces, comprometidos y no tienen miedo al rídiculo.