Buber es un ejemplo y a la vez un llamado a la mea culpa. Como toda persona profundamente religiosa, él vio en la paz y el diálogo el camino a la felicidad. Qué gran bofetón para este mundo en el que las diferencias de religión y de pensamiento nos conducen a la aniquilación. Gracias Buber por abrirnos los ojos y gracias Club por resaltar su obra.