Todo lo hacemos de memoria. Nuestra sociedad, nuestra familia, nuestra escuela, ni siquiera nuestras necesidades más elementales no nos han enseñado a pensar. Parece que fuéramos autómatas. Todo lo aprendemos de memoria, por repetición, por automatismos, por tradición. Y si no, díganme ¿quién nos ha enseñado a producir y a manejar ideas? ¿Por qué es que somos tan pobres intelectualmente? Todos los estamentos debieran contribuir para que sus asociados pensaran de manera diferente, siendo más liberales, más librepensadores, más críticos, más inventores, más dinámicos en la solución de poblemas, más competentes, más ricos en propuestas, más ágiles en todos los momentos de nuestra vida. A la niñez y a las juventudes de hoy indiquemos el camino y realicemos con ellos procesos de pensamiento a fin de que nuestro mañana goce y se beneficie del pensamiento creativo.