Considero que uno de los rasgos de madurez emocional es aceptar la responsabilidad de nuestras acciones. Cuando actuamos responsablemente no hay cabida para la culpa ya que nuestro proceder no fue producto de una acción precipitada. Además la responsabilidad implica ver realmente quiénes somos, es tener plena conciencia de de nuestras virtudes y defectos; de nuestras capacidades así como de nuestras limitaciones. El hecho de reflexionar sobre la forma en qué nos estamos comportando es fundamental para realizar los cambios necesarios y esto redundará no solamente en nosotros sino también en las personas que comparten sus vidas.