Creo que en realdad hombres y mujeres somos iguales, ambos con sentimientos y militando en las filas del vivir con problemas por resolver y sueños que realizar.
Ciertamente el papel de la sociedad en este punto de los roles y los que no hacer en cada uno de los géneros es quien ha tomado la delantera en el entendimiento de qué es lo que pasa dentro del comportamiento humano. El papel enagenante de la sociedad ha sido quizás la premisa más importante en esta maraña de creencias, en la que las apariencias juegan por si mismas un papel importante dentro de la historia.
No creo que el revés a este sentido esté solo dentro de los sitios educativos como formadores únicos, sino dentro de la familia como verdaderos formadores de por vida, la familia es el mejor espejo de la vida, el comportamiento de los padres y sus concejos dejan huellas en la vida de sus hijos y los hijos o niños son receptores maravillosos del comportamiento, acciones, humildad, astusia, entre otros atributos de sus padres o seres amados a quienes integramente respetan.
La sociedad solo ha sido el factor de formación y decadencia de valores, pues estos jiran en función de intereses de grupos de poder como la iglesia y política (ideologías y grupos gremiales).
Lo cierto es que la rudeza de alguién no se mide por el hecho de llorar o no, si no por su capacidad de lucha y la convicción de poder intentarlo de nuevo.
El que un hombre llore o no en esta sociedad ya no es signo de debilidad sino más bien puede ser tomado o estrategia de la cual cualquier persona no se debe fiar.
No hay hombres rudos... Solo hombres equivocado que viven un mundo al cual no pertenecen.
Y aunque no soy totalmente un hombre duro, se que debo incluirme dentro de la lista de los equivocados, aunque aún pueda llorar junto a mis hijos