El artículo en la analogía supone que el control del termostato está en nuestro espacio. No obstante, muchas veces está en otro lugar. La regulación o seteo se hace en otra habitación por otros. No tenemos otra opción que adaptarnos a los nuevos límites. La incógnita es, cuán amplia es nuestra tolerancia a los cambios, tanto en frecuencia como a los nuevos límites establecidos. Me parece que ella va a depender de los incentivos que hay en la organización, como en nuestra habilidad y predisposición para adaptarnos sin sacrificar en demasía nuestro confort.