Coeficiente intelectual vs. Inteligencia emocional
Las reglas dentro del campo laboral están cambiando. Ya no se nos valora
sólo por nuestra preparación académica, nuestra sagacidad
o nuestra experiencia, sino por cómo nos conducimos con nosotros y con
los demás. Según nuestra empatía, flexibilidad o adaptabilidad,
iniciativa y liderazgo.
Hoy en día por ejemplo; para encontrar un empleo, tendremos que competir
con una serie de personas que quizás posean nuestro mismo curriculum en
cuanto a estudios académicos, experiencia similar, coeficiente intelectual
parecido, pero que según los criterios que se usan actualmente para seleccionar
al más apto están relacionados con nuestro comportamiento personal
y laboral. Es decir, si podemos establecer relaciones positivas y armónicas
con nosotros y con los demás, si poseemos autocontrol sobre nuestras emociones,
eso nos hará emocionalmente más inteligentes y seremos elegidos
preferentemente sobre aquellos que son incapaces de manejarse emocionalmente ante
los demás, aunque posean nuestra misma preparación.
Antiguamente se le daba prioridad al coeficiente intelectual, pero en estudios
recientes sobre inteligencia emocional, los investigadores señalan que
el coeficiente intelectual contribuye en el éxito sólo con un 20%.
La inteligencia emocional no se trata de una panacea, sino de un nuevo descubrimiento
que refleja con precisión que las aptitudes humanas son la mayor parte
de los ingredientes que llevan a la excelencia laboral, muy especialmente el liderazgo.
Las diferencias claves entre coeficiente intelectual CI e inteligencia emocional
IE son: El CI es determinado genéticamente, se desarrolla en la infancia,
no cambia después de la adolescencia y no puede ser aprendido.
Mientras que la IE, no es determinada por los genes, se desarrolla en la infancia
pero puede seguirse cultivando y desarrollando en la adolescencia y en la edad
adulta y puede ser aprendida.
El coeficiente intelectual depende de nuestros conocimientos intelectuales.
Nuestra IE depende de nuestra conexión con nosotros y nuestra relación
con el mundo exterior. Y esa relación con nosotros depende de nuestro autoconocimiento
y conexión con lo que somos, de nuestro nivel de respeto con los demás,
de nuestra comunicación efectiva y de nuestra capacidad de perdonar y flexibilizarnos
ante los diferentes seres humanos.
Sólo el que crece interiormente puede hacerse emocionalmente inteligente
y brillante. Puede desarrollar su IE y puede conquistar el mundo laboral, relacional
y personal.