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Distancia, espacio y comunicación

Como la mayoría de los animales, los seres humanos reclamamos nuestra propiedad sobre un determinado territorio y lo defendemos de potenciales invasores. Esta territorialidad se manifiesta en actitudes muy simples, como buscar sentarnos en el mismo banco cuando asistimos a una clase, una conferencia, o un espectáculo. Si estábamos sentados en determinado lugar y al regresar de un corte vemos a otra persona ocupándolo, vaya si nos molestamos! También nos sentimos invadidos si alguien se sienta en nuestro lugar de trabajo, o si entra a nuestra oficina sin golpear la puerta.

Asimismo, somos muy conscientes del territorio de los demás: nos incomodamos si escuchamos la conversación telefónica de otra persona, o miramos hacia otro lado cuando vemos una pareja besándose. Consideramos estos momentos como parte de los derechos de intimidad de cada persona.

El estudio de los aspectos comunicativos del espacio personal y del territorio se conoce como proxémica. Esta disciplina postula que estamos rodeados de un área invisible de confort psicológico que nos sigue a todas partes. Es como una burbuja protectora que actúa de "zona de contención" frente a los demás. Esta zona varía de acuerdo a nuestro interlocutor, la cultura de ambos y al tipo de situación en la que nos encontramos. El área o perímetro de espacio que utilizamos en nuestras interacciones con otras personas es un factor significativo en el tipo de comunicación que tenemos con ellas.

La proxémica fue impulsada por el antropólogo Edward Hall, quien descubrió que las personas somos muy conscientes de nuestros espacios y territorios en nuestras conversaciones. Según sus estudios, Hall concluyó que existen cuatro tipos de zonas de confort en la comunicación cara a cara:
- Intima (0 a 50 cm): reservada sólo para relaciones íntimas (sexuales). Además del sentido de la vista, en esta zona interviene el olfato y el tacto.
- Familiar (50 cm a 1 m): reservada para conversaciones personales con amigos y familiares.
- Social (1 a 3 metros): reservada para interacciones formales como reuniones de negocios o entrevistas.
- Pública (más de 3 metros): reservada para comunicaciones en público (conferencias)
La distancia trasmite mucha información no verbal a una persona respecto del nivel de confianza y cercanía con su interlocutor. Modificar la distancia entre dos personas puede trasmitir el deseo de intimidad física, una falta de interés, o una intención dominadora. No es lo mismo que nos enojemos con alguien de una punta de una habitación a otra, que a un metro de distancia. La persona se sentirá más intimidada en el segundo caso. Si una pareja de enamorados mantiene contacto visual a una habitación a otra, el efecto comunicativo no es el mismo que cuando lo hacen abrazados.

Las barreras físicas cumplen un rol importante en el manejo del espacio personal. Todo objeto inanimado colocado entre nosotros y nuesto inerlocutor es una indicación de actitud defensiva: un escritorio, una jarra, una mesa, un mostrador, etc... Estos objetos funcionan como un escudo que nos protege de los demás y nos da una cierta seguridad emocional.

La ubicación es otro factor de la proxémica a considerar. Dónde nos sentamos con relación a otra persona puede facilitar o dificultar la comunicación. Sentarse al lado de otra persona dificulta leer el leguaje no verbal y hay demasiada proximidad física, lo cual puede traer incomodidad. Sentarse frente a frente en una mesa es común en situaciones competitivas, ya que la tabla ofrece una barrera de contención. Sentarse en ambas puntas de una mesa sirve para trabajar independientemente, ya que provee cierto aislamiento. También hay ubicaciones, como la cabecera de mesa, que comunican poder, estatus o influencia.

Es interesante también ver cómo influye la proxémica en nuestros hogares. Existen "zonas públicas" y "zonas privadas": no asignamos el mismo valor territorial al comedor, que a los dormitorios. Hay habitaciones que se aceptan para reuniones con amigos, otras sólo para la familia; hay áreas (generalmente de servicio) donde permitimos que ingresen desconocidos y otras no.

Las zonas personales varían de una cultura a otra y esto debe considerarse en las comunicaciones internacionales o interculturales. Hay culturas de escaso contacto físico (anglosajonas, nórdicas o asiáticas) que prefieren moverse dentro de la zona social. Hay otras de alto contacto físico (mediterráneas, árabes, latinas) que utilizan mucho el espacio íntimo y personal. Las diferencias generacionales y de personalidad también influyen en la interpretación del espacio personal y de la distancia.

Cuando alguien que no se ha ganado nuestra confianza ingresa a nuestro espacio personal, nos sentimos incómodos e incluso amenazados, porque consideramos que un intruso ha traspasado las fronteras. Es como si un extraño entrase a nuestra casa sin nuestro permiso. Ingresar al espacio personal de comunicación de alguien sin su consentimiento, puede ser causa de conflicto y dificultar la comunicación.

La violación del espacio personal puede tener efectos adversos en la comunicación, porque hace sentir miedo o pérdida de control a la otra persona.Si violamos el espacio de otro, esta persona se alejará de nosotros para recuperarlo. Por ejemplo, los oficiales de policía son entrenados para invadir deliberadamente el espacio personal de un sospechoso durante un interrogatorio, con el fin de hacerle sentirse presionado e intimidado y hacerle confesar, o revelar información. La invasión del espacio personal del sospechoso da al policía una ventaja psicológica.

Ser capaces de leer el nivel de confort de los demás según la distancia y el manejo del espacio que muestran hacia nosotros, es un factor importante en nuestras comunicaciones. Saber cómo la otra parte regula su espacio personal puede facilitarnos -por ejemplo- conducir una discusión, o un proceso de negociación. Nos evitará, por ejemplo, sumar una tensión innecesaria.

Necesitamos considerar la influencia y el efecto de la distancia física en nuestras conversaciones. Respetar el espacio de nuestros interlocutores -y evaluar nuestras propias fronteras- nos facilitará construir relaciones más confiables, respetuosas, productivas y duraderas.







Comentaron esta entrada:

Angeles Egido |

Cuando vivimos situaciones en las que se rompe la proxemia tales como, uso de transportes públicos, aglomeraciones, estamos conteniendo la tensión...

José Ongallo |

Es importante darse cuenta que las diversas culturas tienen distancias proxémicas distintas, así que cuando cambiamos de país debemos extremar las...


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