Comenzaré con una confesión: soy fanática de Facebook. Desde
que me sumé a la red unos seis meses atrás, todos los días
ingreso y curioseo mi espacio. Es realmente divertido, muy dinámico, inesperado
porque uno nunca sabe quién se agregará, o a quién podrá
encontrar en el ciberespacio e invitar a su red.
Sin embargo, no deja de inquietarme algo cada vez que utilizo esta red: ¿a
qué idea de "amigo" adhiero? ¿Qué visión
de la amistad aliento y refuerzo cuando "sumo" a un nuevo amigo a mi
lista, busco viejos amigos por el mundo, o contacto amigos de mis amigos?
Todo el complejo mundo de la amistad aparece en Facebook a un click de distancia
y esa facilidad seduce. Pero tanta comodidad e inmediatez también hacen
desconfiar. Sobre todo, la tentación por la cantidad: agregar más
y más contactos a la lista de amigos, mostrar bien grande cuántos
amigos tenemos y ver cómo -en pocos días- pasamos de veinte a cincuenta...
Si fuera tan fácil hacer amigos, no?
Para mí la amistad es todo lo contrario a lo inmediato y a lo cuantitativo.
Es un tipo de relación que depende totalmente del tiempo, de los momentos
compartidos, de la continuidad, del acercamiento constante, del preocuparse y
cuidarse permanentemente.
Quien valora de verdad la amistad y la coloca entre sus prioridades, no alardea
de cuántos amigos tiene, no "sale a buscar" continuamente nuevos
amigos, no los computa ni los muestra todos juntos. Por el contrario, cada uno
de los pocos que supo conservar, ocupa un lugar único y diferente en su
vida, en su corazón.
Si repaso mi lista de amigos en Facebook encuentro una imperdonable injusticia:
amigos del alma junto a conocidos. Y pienso que no hay que confundir amistad con
"conocidad" (por llamarlo de algún modo). El conocido nunca llega
a ser parte nuestra, a conocernos realmente, ni nosotros a él. El conocido
va y viene, en la vida como en el ciberespacio, enviando un saludo ocasional,
un comentario sin compromiso, etc... pero no deja huella.
El amigo, por el contrario, está siempre; no pregunta "en qué
andamos" porque está atento a lo que nos pasa; no ocupa ninguna lista
porque ni en la agenda hace falta que esté: siempre recordamos cómo
contactarlo. Con un verdadero amigo, no tiene sentido la "alarma de cumpleaños"...
Repito: me encanta Facebook y juego el juego toda vez que puedo. Pero prefiero
pensar bien qué juego estoy jugando... y entender que la amistad pasa por
un lugar muy diferente.
Leída: 276 veces | 4 comentarios | 0 calificaciones