Escribir sobre modelos mentales es quizá una tarea difícil por tratarse de un
componente abstracto de nuestra mente, sin embargo, cada día se hace más importante
hablar de ellos pues forman la base principal de nuestro comportamiento humano
y determinan la forma en que interactuamos con los demás.
El término “modelo mental” hace referencia al conjunto de creencias, supuestos
o principios que una persona tiene con respecto a algo, a alguien del mundo real
que le rodea. Este algo puede ser un objeto tangible como un automóvil, una computadora;
o un conjunto de objetos y/o personas como los muebles de la sala, la casa o la
ciudad. Puede ser también referido a una persona en particular o a algún animal
como las creencias sobre lo que son los gatos, los perros o los tigres. Pero también
puede ser referido a roles o papeles que juegan los seres humanos como el jefe,
el gerente, el vendedor, el mensajero, el presidente o a conceptos más abstractos
como el tiempo, el amor o Dios. Para cualquiera de todas las realidades que nos
rodean y con las que interactuamos a lo largo de nuestra vida, nos formamos creencias
que nos permiten reducir la incertidumbre que provoca lo desconocido para hacerlo
conocido y certero en función de lo que creemos es y significa. Así una persona
puede creer que “ser el gerente de una empresa puede ser lo mejor que puede pasarle
en su vida a un profesional” mientras que otras pueden creer que “ejercer el puesto
de gerente es de las tareas más complejas y menos deseables y suponer que un profesional
preferiría ser un exitoso comerciante a gerente”. O alguien más podría creer que
“los gatos son los animales más molestos que existen de entre las mascotas” y
quizás un amante de estos animales sostenga que “es el animal doméstico más cariñoso
y amigable de todos”.
Sin embargo, todo modelo mental puede consistir de múltiples creencias la mayoría
de las cuales se derivan de unas pocas que determinan a las demás y todas ellas
a la vez determinan nuestros comportamientos haciéndonos actuar de manera coherente,
así, por ejemplo, “el creer que el estudiar en el sistema educativo formal y obtener
los títulos de acreditamiento correspondientes es vital para obtener mejores puestos
de trabajo” nos estimula para inscribirnos y hacer el esfuerzo necesario para
alcanzar las metas educativas. No sería posible hacer esto si nuestra creencia
estuviera basada en el supuesto que “estudiar es una pérdida de tiempo si lo que
necesitas para vivir y triunfar se aprende directamente a lo largo de la vida”.
Con estos ejemplos vemos que lo que hacemos cada día está totalmente determinado
por lo que creemos al respecto de lo que hacemos y lo que rodea a eso que hacemos.
Hablamos de “modelos mentales” en plural por que cada conjunto de creencias que
tenemos sobre las diversas cosas pueden combinarse de acuerdo a los sucesos o
hechos concretos que nos pasen en la vida, así, por ejemplo, si la persona que
mantiene la creencia de la importancia del estudiar para obtener mejores trabajos
cree también que “las personas que no son sinceras son seres humanos dignos de
odiar y esquivar para evitarnos problemas en la vida”, puede cambiar sus comportamientos
si se encuentra que la mayoría de los docentes del centro educativo en el que
estudia “no son sinceros pues enseñan en las clases magistrales algunos temas
que motivan estudiar pero que posteriormente no incluyen en las evaluaciones que
realizan” pudiendo llevarle a desistir en sus esfuerzos de estudio o cambiarse
a otro centro educativo.
No podemos evitar tener modelos mentales, estos cumplen su misión de simplificarnos
la vida para evitarnos la incertidumbre que conllevan las cosas nuevas pero a
la vez nos limitan a poder ver más allá de lo que nuestras creencias sostienen.
Lo mejor es aceptar la existencia de nuestros modelos mentales y dado que las
creencias que los componen han sido creadas por nosotros mismos de acuerdo a nuestras
primeras experiencias que sobre cada realidad hemos tenido, debemos cuestionarnos
siempre si estas creencias reflejan realmente la realidad misma a la que hacen
referencia o bien si son sólo la forma en que hemos preferido ver una realidad
en particular. Hay que recordar aquí la objetividad que establece ver la realidad
que nos rodea en función de los hechos o sucesos posibles de demostrar, ser objetivo
es no dejarse llevar por sus propios modelos mentales, sin embargo, la mayoría
de las veces somos subjetivos, es decir, nos basamos principalmente en nuestras
creencias para actuar y damos menos importancia a los hechos.
Desarrollar la habilidad de auto-cuestionar frecuentemente nuestros modelos mentales
nos puede hacer sensibles para ver las limitantes de nuestras creencias y agregar
a ellas otras creencias que nos hagan posible admitir las diversas manifestaciones
de las realidades que nos rodean. En este sentido sería recomendable que cada
vez que finalicemos una actividad, que pasemos una experiencia o lleguemos al
final de cada día, cada semana o cada año nos tomemos un tiempo para nosotros
para evaluar lo que a sido tal experiencia y nos auto-cuestionemos en los siguientes
aspectos:
¿Por qué actué así como lo hice?
¿Obtuve los resultados que buscaba o no?
¿Si obtuve los resultados buscados por qué fue posible? ¿Si no los obtuve por
qué fue así?
¿Qué creencias personales determinaron mi comportamiento? ¿Por qué he creído eso?
¿Desde cuando lo creo así?
¿Puede haber una forma diferente de creer en ello?
¿Qué creencias puedo ver detrás de los comportamientos de las otras personas que
interactuaron conmigo en tal experiencia? ¿hay diferencia? ¿hay similitud?
Esta lista de auto-cuestionamientos no es exhaustiva, sin embargo, es un buen
punto de partida para iniciar la tarea de profundizar en nuestros modelos mentales,
con el tiempo y la práctica de esta habilidad podremos llegar a comprender nuestras
propias creencias y ajustarlas a nuestra realidad para alcanzar los objetivos
que buscamos.
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