Es una cuestión de actitud, así dice la canción de un conocido compositor argentino
que con tan pocas palabras resume la esencia del mensaje que este artículo pretende
trasmitir. Estamos ante la presencia de uno de los conceptos que describe nuestra
postura ante la vida con mayor rigurosidad, y sin embargo es también uno de los
aspectos menos valorados a la hora de manejar las excusas que siempre acompañan
al fracaso. Ya sea que evaluemos nuestras acciones a nivel familiar, con los amigos,
en el plano laboral o profesional, hasta nuestra salud física o mental descubrimos
que siempre está presente la actitud; negativa o positiva; que tengamos ante la
vida. Tan fuerte es este lazo, que con certeza nos animamos a afirmar que es absolutamente
determinante la influencia que este aspecto de la conducta humana tiene sobre
nuestros logros o fracasos.
Es así entonces, bueno analizar porque, algunos individuos expuestos a los mismos
factores externos: condiciones sociales, económicas, culturales, políticas o educativas
son capaces de crear condiciones de vida exitosas unos, y llenas de frustraciones
otros. Pues bien, el único factor que establece la diferencia está en la actitud
ante la vida que uno u otro posea, pero posiblemente va mucho más allá de eso.
Está seguramente relacionado con la capacidad que tiene el ser humano para generar
cambios en su manera de ver la vida y este dinamismo mental sólo lo poseen aquellos
individuos que están muy atentos para construir a diario un esquema mental positivo
que descarte los hábitos negativos que se usan para la autojustificación . La
creación de los paradigmas que nuestro pensamiento maneja para el encuadre de
los hechos, no se forma de un momento para otro, y es seguramente mucho más difícil
de cambiar cuando estamos ante una postura esquemática, inflexible y poco creativa.
En cambio aquel individuo poseedor de un esquema positivo abre paso a las nuevas
ideas, es creativo a la hora de enfrentar situaciones difíciles, ve en cada contratiempo
una oportunidad. La definición misma de la palabra actitud involucra la acción
como el elemento preponderante a la hora de establecer los mecanismos que actúan
como disparadores de la puesta en marcha.
Estamos viviendo un momento muy particular de la historia, este siglo XXI exige
conocimiento, eficiencia, competitividad, capacitación permanente, actitud crítica,
disposición para enfrentar los cambios. El desarrollo de las capacidades necesarias
para disponer de estas herramientas está íntimamente ligado a la construcción
continua de la actitud mental positiva. Hacíamos mención al tercer milenio y al
respecto es importante hacer conciente cómo el desarrollo tecnológico le imprime
a nuestras vidas posibilidades ilimitadas para lograr el éxito. La dificultad
radica en entender que lo importante no es lo que ocurre sino lo que somos capaces
de hacer con lo que ocurre. Aquí es entonces donde aparecen las diferencias individuales:
los exitosos nunca justifican sus logros y los que fallan se vuelven expertos
en justificar; léase dar excusas- a su fracaso.
Para expresarlo con el código informático se dice que todos los seres humanos
estamos programados para la prosperidad, para ser felices y exitosos; sin embargo
el mayor porcentaje de la población mundial no es próspera ni feliz y mucho menos
exitosa. ¿Dónde está la falla? Nuestro comando en jefe; la actitud; no pone en
marcha los mecanismos necesarios para ponernos en sintonía con el universo. Deepak
Chopra lo dice excepcionalmente en su libro "Las siete leyes espirituales del
éxito". El éxito en la vida podría definirse como el crecimiento continuo de la
felicidad y la realización progresiva de unas metas dignas. El éxito es la capacidad
de convertir en realidad los deseos fácilmente. No obstante, el éxito, incluyendo
la creación de la riqueza, siempre se ha percibido como un proceso que requiere
mucho esfuerzo, y que muchas veces se logra a expensas de los demás. Necesitamos
acercarnos de una manera más espiritual al éxito y la riqueza, que no es otra
cosa que el flujo abundante de todas las cosas buenas hacia nosotros.
¿Cómo identificar aquellos aspectos de la conducta humana que describen una actitud
incorrecta? Podríamos perfectamente llamarlos las enfermedades de la actitud.
Nos referimos a la queja, la duda, el miedo, la preocupación, la crítica destructiva,
la envidia. Los seres humanos usamos estas actitudes como permanentes anclas que
nos justifican, no nos hacen responsables, nos paralizan, desestabilizan nuestra
credibilidad , destruyen nuestra capacidad de motivación, rompen con cualquier
entusiasmo, debilitan nuestras decisiones. Cuando nos movemos en este plano todo
el control de nuestra vida está fuera de nosotros. No nos hacemos cargo. Aquí
la propuesta es otra, la invitación es a formatear el disco duro. ¿A qué nos referimos?
Pues bien, se trata de incorporar nueva información dejándole cada vez menos espacio
a los viejos contenidos. Es posible que debamos revisar nuestro paquete de creencias
y valores, quizás tengamos que incorporar nuevos hábitos de pensamiento, como
por ejemplo el ejercicio diario de afirmaciones positivas, en fin usar a diario
lentes de diferentes colores para aprender a ver la realidad desde una óptica
distinta.
La invitación queda planteada. Se impone el desafío de enfrentar los cambios.
Los riesgos que estemos dispuestos a correr serán los que determinen cuanto nos
alejamos de la mediocridad a la que nos atan los modelos de seguridad. La búsqueda
constante de la seguridad económica, afectiva, laboral nos transforma en esclavos
de los proyectos de otros; perdemos de vista que los riesgos que corremos en esa
situación son tan importantes o quizás hasta mayores que si adoptaramos una actitud
de enfoque permanente hacia el crecimiento personal. En la medida que nos atrevemos
a recorrer este camino sentimos la sensación de forjar nuestro propio destino,
somos verdaderos protagonistas, desempeñando el rol más activo que podemos jugar.
Es así que somos capaces de convertir la inseguridad en certeza, la duda en convicción,
la queja en agradecimiento, el miedo en coraje, la pre-ocupación en ocupación,
la envidia y la crítica en un abordaje humano, sensible y cooperador a la hora
de compartir la increíble experiencia de vivir.-